si insistís,
acompañame,
voy a mostrarte
donde vivo.
Esta es la sala,
las luminarias
del afecto
del afecto
intactas
sobre fotos
que la nostalgia
no llega a deslucir
y las más nuevas
refulgen por sí mismas.
También
está el espejo,
pensé en cambiarlo
por sus esquinas rotas
con partes de un pasado
donde solía mirarme,
pero son cicatrices
que no duelen
y el futuro pertinaz
insiste en reflejarse
más allá del presente
desprolijo y opaco,
desprolijo y opaco,
así que lo conservo.
Vení, seguime...
Por esto que te digo
del futuro,
el cuarto de los proyectos
sigue abierto
y el cuarto de las certezas
clausurado.
Vamos a la cocina,
te convido un café,
igual no queda mucho más
para enseñarte:
el cuarto del orgullo
está cerrado
y hace tiempo
que tiré la llave.
Mari Lamas
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